El 28 de abril de 2025 un apagón dejó sin suministro a millones de hogares en la península Ibérica. Tres viviendas construidas por PAPIK Group siguieron con la luz encendida, sin depender de la red.
El 28 de abril de 2025, un corte eléctrico dejó sin suministro a millones de hogares en la península Ibérica. Durante horas, la incertidumbre recorrió ciudades y pueblos, y puso de manifiesto hasta qué punto la vida cotidiana depende de un sistema centralizado que, cuando falla, lo detiene todo a la vez.
No todo se apagó. En medio del silencio energético, tres casas construidas por PAPIK Group siguieron con la luz encendida, con agua caliente y con confort térmico. No dependen de la red eléctrica para funcionar: lo hacen de forma autónoma, cada día y durante todo el año, también en jornadas como aquella.
Lo que ocurrió el 28 de abril no es una excepción afortunada. Es el resultado de una arquitectura bien resuelta, diseñada con criterio de eficiencia y sostenibilidad desde el primer plano. Las protagonistas son tres viviendas con trayectorias distintas y un mismo principio común.
En Sant Andreu de Llavaneres, esta casa marcó un antes y un después. Construida hace más de una década, en un momento en que hablar de casa autosuficiente sonaba a excepción, la K-Llavaneres demostró que era posible vivir sin conexión a la red eléctrica.
Con 198 m² de superficie útil, está diseñada según los principios del estándar Passivhaus y construida con el sistema Eskimohaus, que permite conservar el calor en invierno y el frescor en verano con un consumo mínimo. Se alimenta de placas solares y funciona con un sistema de baterías que almacena la energía para toda la jornada. A día de hoy sigue funcionando exactamente igual que el primer día.
Situada en Sant Feliu de Codines, esta casa de 212,75 m² se levanta dentro del núcleo urbano, con un funcionamiento completamente independiente. El diseño bioclimático, la orientación sur, los voladizos, las persianas orientables y el aislamiento de alta eficiencia permiten mantener un confort térmico excelente sin recurrir a la climatización convencional.
El rasgo más singular son las baterías. En lugar de litio, la K-Codines utiliza baterías de plomo: más voluminosas, pero mucho más reciclables y sin tierras raras ni componentes tóxicos difíciles de tratar. Es una decisión consciente que muestra que la sostenibilidad también se juega en los detalles técnicos.
La última en llegar es, probablemente, la más avanzada. Situada en Valldoreix, dentro del municipio de Sant Cugat del Vallès, es una casa de 280 m² rodeada de vegetación, pensada para generar cero emisiones y ser totalmente autónoma.
Incorpora sistemas de aerotermia para la climatización, ventilación mecánica con recuperación de calor, baterías de última generación y un diseño arquitectónico que combina rendimiento energético y calidad espacial. Cada ventana, cada sombra y cada centímetro de aislamiento está calculado para que el conjunto funcione en armonía. El resultado es una casa que no solo resiste un apagón, sino que sostiene el bienestar de quien la habita.
En PAPIK Group no construimos solo casas; diseñamos viviendas que protegen de lo que ocurre fuera, que consumen menos y producen más, y que están preparadas para un contexto energético cambiante. Este modelo no es exclusivo ni inalcanzable: se puede aplicar a cualquier nueva construcción y adaptarse a presupuestos distintos. La tecnología ya existe; lo que hace falta es voluntad de hacer bien las cosas.
El mismo criterio puede trasladarse a viviendas existentes mediante una rehabilitación energética bien planteada, de modo que la autonomía no quede reservada solo a la obra nueva.
El apagón del 28 de abril recordó la dimensión real de la dependencia energética y, a la vez, mostró que existe otra manera de vivir. Las casas pueden ser autosuficientes hoy, sin esperar dos décadas más para construir como ya deberíamos haber empezado a hacer. Quien quiera profundizar en la lógica de fondo encontrará contexto en la huella ecológica de la construcción.
Una casa bien diseñada no se limita a resistir el día en que la red falla: mantiene la vida cotidiana intacta porque nunca dependió del todo de ella.