Proyectar una casa propia obliga a jerarquizar lo que de verdad importa. Los metros cuadrados suelen ganar por inercia, pero el confort de todo el año depende de una variable que a menudo queda en segundo plano: la energía.
Iniciar el proyecto de una casa a medida abre una lista larga de decisiones, y la primera suele girar en torno al coste final. A diferencia de comprar una vivienda ya construida, aquí intervienen muchos factores que condicionan el precio: el terreno, la cimentación, el proyecto arquitectónico y la construcción misma. Para situar unas primeras cifras orientativas es útil recurrir al calculador de presupuestos, pero antes de hacer números conviene ordenar las prioridades.
La pregunta de fondo es sencilla de formular y difícil de responder: qué valor se da a cada aspecto a la hora de proyectar la futura casa? Los metros cuadrados totales, el jardín, la eficiencia energética, los materiales, la sostenibilidad y el impacto ambiental de la construcción. Cada respuesta reordena el proyecto y, con él, el presupuesto.
Cuando se construye lo que será nuestro hogar, es habitual priorizar la superficie, sea por necesidad o por una previsión a largo plazo. La reflexión, sin embargo, debe continuar un paso más: de qué sirven muchos metros cuadrados si después no son habitables porque en invierno se pasa frío y en verano hace demasiado calor?
Este sesgo tiene un origen concreto. Durante la burbuja inmobiliaria, los promotores optimizaban el precio por metro cuadrado para extraer el máximo rédito del suelo, y todo el mundo buscaba el mejor precio por metro. Aquel criterio ha quedado instalado en la manera de pensar la casa propia, tanto en obra nueva adaptada a las necesidades de cada uno como en la compra de una vivienda existente. Romper con ese mito es el primer paso para proyectar una casa pensada para vivir en ella.
El concepto de hipoteca energética describe el gasto en energía necesario para garantizar el confort y la salubridad interior de una casa. Va estrechamente ligado a otro término más conocido: la pobreza energética. La pregunta pertinente es si tiene sentido asumir dos hipotecas a la vez, la del préstamo y la de la energía.
Construir casas sin hipoteca energética evita la pobreza energética. Es un beneficio directo para quien edifica la vivienda y, a la vez, un beneficio indirecto para la sociedad, porque reduce la dependencia energética que sostiene el bienestar colectivo. La fragilidad social que implica construir viviendas con una dependencia energética elevada es lo bastante grande como para que el Código Técnico de la Edificación que entró en vigor en 2020 aumentara las exigencias en materia de eficiencia energética.
En PAPIK Group siempre hemos creído en la construcción de alta eficiencia energética y en la certificación Passivhaus para levantar casas por toda Cataluña. Nuestras casas biopasivas se construyen con materiales naturales y sostenibles, concebidas para vivir en ellas y adaptadas a la manera de vivir de quien las habita. La construcción de obra nueva permite decidir desde el primer trazo qué prioridad ocupa la energía, y esa decisión condiciona el confort durante décadas.
Los metros cuadrados se pagan una vez; la energía para hacerlos habitables se paga cada mes de cada año que se vive en ellos.