La madera es natural, resistente y versátil, y cuando procede de bosques gestionados se convierte en uno de los materiales constructivos de menor impacto ambiental. En PAPIK Group es la base de las casas biopasivas Eskimohaus.
La madera es uno de los pocos materiales constructivos que combina origen natural, resistencia estructural y versatilidad industrial. La misma materia prima alimenta sectores muy distintos: mobiliario, biomasa, construcción y derivados como el papel y el cartón. Esa polivalencia, unida a la manera en que se produce, explica por qué la madera ocupa un lugar central en la construcción sostenible.
La madera que llega a obra no procede de la tala indiscriminada de bosques naturales, sino de superficies gestionadas con un objetivo productivo. En estos bosques se planta un árbol por cada árbol talado, de modo que la masa forestal no disminuye. A escala europea, la producción ordenada de madera ha contribuido precisamente al fenómeno contrario: la superficie arbolada crece.
En Cataluña esta industria todavía tiene una implantación limitada. Entidades como el Incafust trabajan para impulsarla en el territorio y acercar el sector a un modelo que en otros países del norte de Europa ya está plenamente consolidado.
El procesamiento de la madera aprovecha casi toda la materia prima. Al cortar las piezas, los recortes se reutilizan para fabricar elementos más pequeños, y las virutas tienen una segunda vida como conglomerado o como combustible de biomasa. El resultado es una cadena de valor en la que lo que sobra de un proceso se convierte en la materia de otro.
Mientras crecen, los árboles absorben dióxido de carbono. Emplear la madera como material de construcción prolonga esa captación dentro del edificio, de modo que cada casa contribuye a mejorar el balance ambiental en lugar de agravarlo. Es esta lógica la que permite a PAPIK Group hablar de casas biopasivas: sostenibles, eficientes, confortables y naturales, con un gran confort interior y un gasto energético mínimo.
La estructura de nuestras casas se inyecta con celulosa, un derivado de la madera que logra un aislamiento muy elevado en un espesor reducido. El resultado son muros finos pero muy aislantes, la base técnica que permite certificar las viviendas bajo el estándar Passivhaus, el más exigente del mercado en eficiencia, calidad constructiva y confort interior. Esta manera de construir es el núcleo del sistema de construcción Eskimohaus, y conecta directamente con la reflexión sobre la revolución de la madera en la edificación contemporánea.
Construir con madera gestionada no es una concesión estética, sino una decisión técnica: menos energía, menos residuos y un material que sigue captando carbono mucho después de haber salido del bosque.