En junio de 2014, el Diari de Sant Cugat recogió los fundamentos de la construcción pasiva de la mano del fundador de PAPIK Group: orientación, aislamiento, estanqueidad y ventilación.
El 20 de junio de 2014, el Diari de Sant Cugat publicó una entrevista con Papik Fisas, fundador de PAPIK Group, sobre un modelo de construcción que entonces empezaba a abrirse paso en Cataluña: la vivienda pasiva. La conversación, firmada por la periodista Àgata Guinó, resumía una trayectoria profesional y explicaba, en términos accesibles, por qué una casa bien concebida puede reducir el consumo energético a una fracción del de una vivienda convencional.
La relación de Papik Fisas con la madera ya sumaba una veintena de años en el momento de la entrevista. Empezó como ayudante de carpintero para financiarse los estudios de Física y, ante el creciente volumen de trabajo por su cuenta, dejó la licenciatura en tercer curso para dedicarse plenamente al negocio. Más adelante completó diversos estudios vinculados a la administración de empresas.
El proyecto inicial se centraba en el mueble a medida. Hacia 2006, la compañía concluyó que aquel modelo no tenía recorrido a largo plazo y reorientó la actividad hacia la eficiencia energética. Fisas viajó a Alemania para documentarse, en un país donde la construcción pasiva ya estaba consolidada. «Es algo que está muy vivo y cada día surgen cosas nuevas», explicaba en la entrevista.
Según exponía Fisas, una casa pasiva es una vivienda concebida para reducir al máximo el consumo energético, y su comportamiento se fundamenta en cuatro factores. El primero es la orientación del edificio. El segundo, un aislamiento técnicamente exigente. El tercero es la estanqueidad, un concepto poco extendido entonces en el sector local, que consiste en evitar las filtraciones y las fugas de aire no controladas a través de la envolvente. El cuarto es la ventilación mecánica: el aire se renueva mediante una máquina que, a la vez, mantiene su temperatura.
Estos principios son los que en PAPIK Group siguen definiendo el sistema Eskimohaus y la manera de abordar cada proyecto de construcción, y también orientan los trabajos de rehabilitación energética sobre viviendas existentes.
La entrevista situaba en tres el número de empresas que en Cataluña construían casas pasivas de manera solvente, e identificaba como reto principal ampliar el área de actuación al resto del Estado. El plazo de construcción era uno de los argumentos de fondo: una casa pasiva se levantaba en cuatro meses. La dificultad, apuntaba Fisas, era logística, porque trabajar lejos complicaba el cuidado del capital humano, una prioridad de la casa.
En cuanto a la estructura del equipo, la compañía contaba con doce trabajadores fijos, aunque una obra podía llegar a movilizar entre treinta y cuarenta personas. La cartera de proyectos ya reflejaba aquella actividad creciente.
El dato que mejor resumía la propuesta era económico. Según las cifras facilitadas en la entrevista, una vivienda pasiva de unos 130 metros cuadrados consumía alrededor de 500 euros anuales en el conjunto de los servicios, una cifra equivalente a unos 40 euros mensuales. Aquel orden de magnitud, difícil de igualar con la construcción convencional de la época, sintetizaba el argumento de fondo: la eficiencia no era una mejora marginal, sino un cambio de categoría en el gasto de una vivienda.
Una década después de aquella entrevista, los cuatro factores que Papik Fisas describía como novedad, orientación, aislamiento, estanqueidad y ventilación con recuperación de calor, se han convertido en el estándar exigible de cualquier construcción seria.