El 21 de junio, L'Econòmic publicó un reportaje sobre el modelo Passivhaus y el trabajo de PAPIK Group. Este artículo recoge sus puntos principales.
El 21 de junio, L'Econòmic dedicó un reportaje al modelo constructivo Passivhaus y a la labor de PAPIK Group para introducirlo en Cataluña. El texto situaba las casas pasivas entre las soluciones de vanguardia de las que más se habla en los países con una larga cultura de edificación energéticamente eficiente, como Alemania, Austria o Suiza. Desde Sant Cugat del Vallès, PAPIK Group trabaja para traer aquí una tecnología en la que la vivienda hace un gasto razonable de la energía, con la madera como protagonista, aunque no es el único material que se emplea.
El modelo Passivhaus fue concebido en los años noventa por Wolfgang Feist como una propuesta en la que la vivienda es capaz de ahorrar un 90% de la energía que consumiría con una estructura convencional. El estándar está regulado por el Passivhaus Institut, radicado en Alemania, que certifica las casas adheridas al criterio. En el momento del reportaje ya había unas 32.000 entre Europa y Estados Unidos.
Papik Fisas, carpintero y ebanista, explicó a L'Econòmic cómo había llegado a este terreno tras constatar que "era insostenible el negocio del mueble a medida, ahora que la gente no quiere un mueble para toda la vida". Buscando alternativas, llegó a la idea "de un nuevo sistema constructivo, de carácter integral". Cinco años antes del reportaje había hecho una primera demostración pública con una casa muestra en la feria Construmat, síntesis de los conocimientos adquiridos en Austria, Suiza, Alemania y el norte de Italia.
Esta cultura constructiva se resume en unos principios básicos: la orientación al sur, el aislamiento térmico, la ausencia de puentes térmicos, la estanqueidad, la ventilación mecánica con recuperación de calor y las ventanas y puertas eficientes. Como desgranaba Fisas, "en primer lugar, es importante calentar la casa con el sol del sur, con una arquitectura de grandes aberturas de vidrio". En cuanto al aislamiento, "debe ser extra, en fachadas y cubiertas, con ventanas gruesas, que tengan un 90% de argón", un gas que da al vidrio la misma capacidad de retener el calor que una pared durante el día, para no dejarlo escapar de noche. Una de las sofisticaciones del aislamiento es una membrana de Gore-Tex que hace la casa impermeable al agua.
La estanqueidad es una de las exigencias que caracterizan las casas pasivas. "Si una casa convencional hace 200 renovaciones por hora de volúmenes de aire, una pasiva solo hace 0,6", detallaba Fisas. No se trata, sin embargo, de crear un ambiente enrarecido en el interior: "Para que el aire no se vuelva tóxico, se incorpora un recuperador de doble flujo que toma el aire de dentro y lo expulsa y hace pasar el de fuera adentro. El equilibrio térmico se consigue porque el calor del aire que sale pasa al aire que entra." Es una tecnología que no genera frío ni calor, sino un intercambiador que resulta más eficiente cuanto más extremo es el clima, y que hace las funciones de calefacción a la vez que purifica el aire. Este equipo puede costar entre 8.000 y 10.000 euros.
El reportaje también abordaba la cuestión económica. El precio de construcción por metro cuadrado de una casa que adopte estas exigencias era de 1.200 euros, una cifra que Fisas calificaba de "bastante competitiva respecto de lo que se hace pagar en la construcción de casas convencionales similares". La diferencia se hace evidente en la factura de la luz: "En una casa pasiva de unos 130 metros cuadrados, el ahorro energético anual se traduce en dejar de pagar 500 euros, 40 euros al mes."
Una propuesta así supone un cierto choque cultural y obliga a trabajar contra algunos prejuicios. "La barrera principal es la desconfianza porque la casa tiene una base interior de madera, y hay que explicar que no se trata de una casa de madera, sino de una casa con madera", señalaba Fisas. "De hecho, es más importante el componente de celulosa, procedente de papel reciclado, que la madera." En el momento de la entrevista, PAPIK Group ya disponía de 50 proyectos realizados entre obra nueva y reformas, ya que la técnica también es aplicable a la puesta al día de casas viejas con problemas de humedades.
Para estos casos, explicaba Fisas, "habría que poner un intercambiador de flujos de aire y cambiar las cubiertas, que generalmente, en este tipo de casas, dejan escapar el calor". El reportaje recordaba que, con un clima templado como el nuestro, se dobla el consumo energético para calentar la casa respecto de Alemania. PAPIK Group, fundada al inicio de la crisis, la había sabido transformar en un revulsivo: "Algunos propietarios que tenían un terreno para levantar una casa han buscado alternativas para construir un edificio que reduzca la factura energética o, si no pueden hacerse una casa, para hacer reformas a la antigua para que sea más eficiente."
No es una casa de madera, sino una casa con madera: la diferencia resume un cambio de mirada sobre cómo se construye y cómo se vive.