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Prensa 28 enero 2015 4 min de lectura

Alex de Rijke: "La madera será el hormigón del siglo XXI"

Una entrevista de Imma Sanchís en La Vanguardia recoge la tesis del arquitecto Alex de Rijke: la madera tecnológica puede sustituir al hormigón como material de referencia, con un balance de carbono favorable y una construcción más rápida y ligera.

La contraportada de La Vanguardia publicó una entrevista de Imma Sanchís al arquitecto Alex de Rijke que sintetiza, en pocas respuestas, un argumento que en PAPIK Group compartimos desde hace décadas: la madera tecnológica no es una nostalgia artesanal, sino un material estructural competitivo capaz de redefinir la manera de construir ciudades. Su frase de cabecera resume la tesis con precisión: la madera será el hormigón del siglo XXI.

La trayectoria de De Rijke da peso a la afirmación. Su obra incluye una vivienda de paneles de madera pensada para levantarse en dos días tras una catástrofe, escuelas de madera convertidas en referencia y objeto de estudio, arquitectura residencial y una escalera monumental para el Festival de Diseño de Londres. Es un recorrido que une eficiencia material y utilidad social sin recurrir al espectáculo del rascacielos.

El balance de carbono como argumento central

La entrevista sitúa la cuestión ambiental en cifras concretas. Según De Rijke, una tonelada de acero equivale a dos toneladas de carbono, mientras que una tonelada de madera representa -1,6 toneladas de carbono. La conclusión es directa: cuanta más madera se utilice, más se reducirá el impacto climático de la construcción, siempre que se planten más árboles de los que se talan, una condición que el arquitecto considera asumible.

Esta lectura desplaza el debate del gusto hacia la contabilidad. El hormigón, recuerda De Rijke, es tras el agua el elemento más común del planeta, con aproximadamente un metro cúbico por persona. Su ubicuidad no responde tanto a una superioridad técnica como a una inercia proyectual: construimos en hormigón sin cuestionar otras posibilidades.

Densidad antes que altura

De Rijke cuestiona también la obsesión de la arquitectura contemporánea por la altura. Su objeción no es estética sino de eficiencia: un edificio de apartamentos de ocho plantas puede alcanzar una densidad superior a la de un rascacielos, que necesita mucho más espacio libre a su alrededor. Desde esta perspectiva, la ciudad amable no es la que acumula edificios altos, sino la que gestiona bien la densidad.

El material acompaña esta lógica. La madera contralaminada permite estructuras ligeras, montajes rápidos y un aislamiento que aprovecha incluso el serrín y los restos del propio proceso, una vía más saludable que los aislamientos convencionales a base de químicos. Sus cualidades frente al fuego, subraya el arquitecto, son muy superiores a las del acero, un punto donde los bomberos suelen ser los interlocutores más fáciles de convencer.

El coste real de construir en madera

Uno de los malentendidos más extendidos es el del precio. En grandes edificios, explica De Rijke, el coste de la madera iguala al del hormigón porque la construcción es más rápida, el material es más ligero y no necesita recubrirse con otras capas. A ello se suma un beneficio que a menudo queda fuera del presupuesto convencional: el coste ambiental evitado. La madera, en este marco, es a la vez competitiva y atractiva.

La entrevista aporta también un argumento menos previsible sobre el bienestar. De Rijke cita investigación austriaca según la cual, en un entorno de madera, el rendimiento y el aprendizaje mejoran, el ritmo cardíaco se relaja y la acústica es mejor. Es un recordatorio de que el material no solo define la estructura, sino también la experiencia de quien habita el espacio, una idea central en la construcción Passivhaus que aplicamos en las casas Eskimohaus.

Cada época tiene su material

De Rijke ordena la historia de la construcción por materiales: el ladrillo en el siglo XVIII, el acero en el XIX, el hormigón en el XX. En el siglo XXI, su propuesta es rehabilitarnos a través de la madera. El término no es casual: habla de un cambio cultural que va más allá de la técnica y que afecta a la manera de proyectar, de financiar y de habitar. Esta transición conecta con lo que explicamos en la rehabilitación energética y con la lógica de fondo de la revolución de la madera en la construcción contemporánea.

El cierre de la entrevista traslada la responsabilidad al ciudadano. Según De Rijke, está en nuestras manos pedir más madera en la vida cotidiana, evitar los muebles de plástico y reclamar que en las ciudades se planten más árboles. Es una llamada modesta en la forma y ambiciosa en el fondo.

Nos hemos vuelto conceptualmente perezosos: construimos en hormigón sin cuestionar más posibilidades. Recuperar la madera como material estructural no es un gesto nostálgico, sino una decisión técnica y climática de nuestro siglo.

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